¿Cómo se entrena la compasión en Mindfulness?

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Estamos acostumbrados a confundir ideas con experiencias. Basta entender Mindfulness desde una definición para creer que ya lo sabemos, o que un día leímos sobre ello, o que es algo sencillo o peor aún, que no requiere un aprendizaje riguroso y sistemático.  Con la Compasión, que es uno de los temas centrales de Mindfulness, ocurre algo parecido. No es suficiente con entenderlo, porque es un entrenamiento, fundamentalmente encaminado a la acción.

      La compasión tiene un fuerte componente biológico y psicológico, como animales, mamíferos y primates sociales que somos. Es decir, que hay hormonas, sustancias, áreas y funciones que la compasión despierta y que son opuestas a las que circulan por nuestro organismo en estados de stress, ira, rechazo, verguenza, celos, autocrítica, miedo o envidia. De hecho, un enorme genio, Charles Darwin, ya apuntó en esa dirección en su teoría de la evolución, indicando este componente como el motor clave para crear vínculos y lazos estables entre los individuos.

El entrenamiento en Compasión incluye perfilar y conocer diferentes expresiones, gestos, actos, palabras, valores y estrategias tanto emocionales como cognitivas. Entrenamos Compasión con el cuerpo, con la mirada, con el lenguaje, con los valores y con nuestras acciones. Lo aplicamos en cada instante de incertidumbre, dolor, bloqueo, angustia o conflicto moral.

Hay un antes y un después de verdad al practicar este estado, rasgo y vía. Y lo hay como se demuestra mediante evidencia científica en diversos meta-análisis (una alta forma de evidencia en ciencia). Es decir, que Mindfulness y Compasión son tremendamente útiles para trastornos como la ansiedad, la depresión o el burn out laboral. Por eso en este ámbito clínico existen protocolos específicos que se van desarrollando en diferentes universidades como Stanford, Yale, Texas o Emory. Compasión en Mindfulness no es una moda, ni una operación de marketing, ni una pseudo terapia, sino medidas directas de un enfoque y tratamiento de trastornos específicos.

Para un ámbito no clínico, para nosotros, para el individuo común es un entrenamiento vital. La práctica de la compasión nos permite reconocer, manejar y reconducir las incómodas emociones sociales, que en mayor o menor medida aparecen en numerosos momentos del día día.

Y es que en la mayoría de ocasiones no es sencillo evitar ser invadidos por una vocecilla interior que nos dice lo mal que hacemos las cosas, lo torpes que somos, lo difícil que es todo, la suerte que tienen los que les va bien, lo poco que valemos, las numerosas imperfecciones que tiene nuestro cuerpo y mente, lo poco que sabemos, lo bueno que sería si pudieramos vivir con altos valores, lo cutre de nuestros vicios que no sabemos abandonar, lo inadecuado de algunos de nuestros actos o lo orgullosos que somos en algunas actitudes. Casi nada…

Esa vocecilla interior se va apoderando día tras día de nuestra energía y motivación, destinándose ella misma a esas incómodas emociones sociales antes citadas. Nuestro parloteo interno va sustituyendo la vida y lo que sucede en cada instante, por la historia de cómo deben ser las cosas en cada momento. A mayor distancia entre lo que Es y lo que creemos debe ser, mayor sufrimiento, reactividad y resistencia. Lo peor es que si bien al inicio nuestra historia parloteada no era muy cierta, acaba siéndolo, es decir, que mediante profecía autocumplida uno va haciendo más caso a su propio juez que a su propia fuerza. No es de extrañar que de tan complejo caos luego necesitemos esperanzas fatuas. Hay algo mejor te lo aseguro.

Lo que muchas personas no suelen saber, es que este caos no se soluciona dejando pasar el tiempo, ni mucho menos persiguiendo la famosa Autoestima ni compitiendo con el vecino para por fin superarle ni alimentando el logro y el Yo con la fuerza vital. Hay una forma mucho más humana e inteligente.

Se llama entrenar la Compasión en Mindfulness. José Sánchez

¿Cómo hacerlo?

Taller de Mindfulness “La Compasión”