“Donde hay estancamiento, hay dolor; donde hay flujo, no hay dolor”

En el fluir del río de la vida, el estancamiento es lo que produce dolor. Aparece cuando nos resistimos a sentir, evitamos un recuerdo, proyectamos un futuro mejor para huir del presente o rechazamos nuestro lugar en el mundo, así como una emoción, una sensación o incluso partes de nuestra propia identidad.


El dolor se disuelve cuando dejamos de resistir lo que es, soltamos la necesidad de aferrarnos a una identidad fija y permitimos el flujo de la vida.